Actualidad. Por: Aura Lucía Mera
El sueño de Maruja
Noviembre 03 de 2009
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Recuerdo la casita colonial del barrio El Peñón. Al filo del barranco, casi sobre el vacío que parte de un tajo el barrio con la avenida. Cali Viejo puro. Arropada en sus paredes de adobe se gestaba el sueño de Maruja. El sueño de recoger niños abandonados por la vida y condenados a una existencia marginada y sin futuro y convertirlos en hombres formados y líderes, capaces de triunfar en esa misma sociedad que les vio nacer, pero permanecía indiferente al problema.
Así nació San José. Maruja Plata de Sardi invitó a soñar con ella a Silvia Cabal de Carvajal y a Luis H. Pérez. Tres quijotes dispuestos a batirse con todos los molinos de viento incrustados en una ciudad todavía pueblerina, pacata y, sobre todo, insensible a las angustias de los más vulnerables. Se dedicaron a tocar puertas, organizar bingos, rifas, desfiles y a contagiar de entusiasmo a todos los que se encontraban. El sueño fue cristalizándose en realidad y hoy, 50 años después, la Institucion San José funciona en el barrio Junín, con una infraestructura moderna, amplia, llena de luz, donde con todos los estándares tecnológicos y educativos sigue acogiendo niños marginados por sus padres, por la vida y por la pobreza extrema, para rescatarlos y darles la oportunidad de desarrollarse emocional y académicamente.
La ceremonia de los 50 años de la Institución San José quedará grabada en la memoria de los asistentes. Ceremonia impregnada de emoción y respeto a su fundadora Maruja Plata de Sardi, de quien Luis H. Pérez se refirió en los siguientes términos: “Alejo Carpentier afirmaba “que la grandeza del ser humano está en querer mejorar lo que existe…” Y esta frase refleja claramente lo que Maruja Plata de Sardi hizo a lo largo de su vida. Mejorar lo existente exigiéndose tareas que cumplió con la rigurosidad, eficacia y eficiencia que sólo los seres comprometidos pueden logar…” “…Fue su vida un espacio vital dedicado a abrir caminos que pudieran conducir hacia la dignidad humana, realzándola, entendiendo que servir es la mejor manera se dar sentido a la existencia. Su carácter, su talante constituyó la esencia misma de su estilo frentero, sin dobleces, que la llevó a que nadie de ella exhibiera cicatrices en la espalda pues todas sus luchas fueron siempre de frente…”
Dedico esta columna, emocionada, a la memoria de Maruja. Ojalá su ejemplo lo sigan muchas mujeres, en estos momentos en que las bases de nuestra sociedad flaquean, envueltas en un mar revuelto de frivolidades, egoísmos, insensibilidad y corrupción. En momentos en que la brecha económica y social se abre cada vez más y que se han perdido parámetros, brújulas y nortes y el sol parece cada vez más cercado de tinieblas y oscuridad.
San José sigue siendo un faro de esperanza. Un vigía atento. Una alternativa de vida. Una chispa de luz en medio de la oscuridad. Maruja ya no está, pero sigue inundando de energía y amor este sueño que logró convertir en realidad. Gracias Maruja en nombre de todos esos seres que encontraron y encuentran en San José el camino y las oportunidades para surgir. Los que te conocimos jamás olvidaremos tu risa franca, tu sensibilidad, tu irreverencia y tu feroz y combatiente deseo de servir.