De Rabona
La otra cara francesa
Andrés A. Aristizábal P.
Todos están estupefactos ante los resultados de la selección gala. Resulta asombroso que aquel equipo plagado de estrellas haya tambaleado en la fase de grupos y ahora apenas esté luchando por un puesto a la Copa del Mundo a través del repechaje.
Con el perdón de Eslovaquia, Serbia o Suiza, los actuales subcampeones del mundo deberían haberse clasificado con anterioridad. Pero tal vez las figuras no lo sean todo, el entrenador debe contar con un libreto amplio para saber mover sus fichas. Quizá Domenech no aparente ser una mera figura decorativa en el banco, como Maradona, pero el hecho de no poder administrar valores como Ribéry, Henry, Gourcuff o Benzema, sumado a su obsesión por la astrología para armar las convocatorias, deja mucho que desear.
Para comprobar que los jugadores no son los únicos culpables, sólo hay que observar cómo el Burdeos ya ha logrado su clasificación por encima de la Juve y el Bayern, cómo el Lyon parece tener encarrilado su pase a la siguiente etapa a costa del Liverpool o cómo el Marsella con una goleada atronadora ha empezado a acechar a los todopoderosos Real Madrid y Milán.
Y no podemos decir que son los extranjeros quienes manejan los hilos de dichos elencos, pues son jugadores como Mandanda, Gourcuff, Toulalan, Alou Diarra, Govou o Gomis, internacionales con ‘les bleus’, quienes sobresalen en dichas escuadras, además de otros galos que no son tenidos en cuenta por el seleccionador nacional.
Está claro que el fútbol francés no se encuentra en decadencia, la ‘ligue 1’ ha vuelto a ser competitiva tras el fin del dominio ejercido por el Lyon. Ya sus tres participantes en ‘Champions’ no se amilanan ante equipos de mayor prestigio.
El problema puede estar en el seleccionador. Pero no hay cambios y ciertamente no es por falta de nacionales con talento, porque los cuadros mencionados anteriormente son dirigidos por Blanc, Deschamps y Puel, tres franceses con capacidad.
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