Unidad Investigativa
Investigan entierros ilegales en Montebello
Hasta la semana pasada, en el suelo del cementerio Los Laureles habían vestigios evidentes de entierros frescos. Al camposanto puede entrar cualquier persona. “Es un sitio abierto, sin rejas ni puertas, muy difícil de controlar”, dice su coordinador.
Fotos | El País |
| De acuerdo con el CTI, en los últimos meses allí se habrían realizado entierros ilegales en horas de la noche y la madrugada. El Grupo de Investigación y Búsqueda de Personas Desaparecidas, luego de cinco meses de pesquisas, exhumará hoy 24 cuerpos para establecer su identidad. En el camposanto hay tumbas ‘clonadas’ y vive una familia.
El cementerio Los Laureles del corregimiento de Montebello, a 20 minutos de Cali, podría haberse convertido en un botadero clandestino de muertos.
De manera ilegal, en los últimos años allí habrían sido sepultadas más de diez personas, presuntamente fallecidas por causas violentas. Ahora, en todo el camposanto, hay 24 N.N de los que nadie –ni siquiera los administradores del cementerio– da razón.
Hoy esos cuerpos serán exhumados. La diligencia será realizada por el Grupo de Investigación y Búsqueda de Personas Desaparecidas, de la Unidad Criminalística del CTI, Cali, que desde hace más de cinco meses está tras la pista de lo que pasa en este cementerio.
Uno de los investigadores le dijo de manera exclusiva a El Pais que de acuerdo con las pesquisas realizadas, en los últimos meses allí se habrían hecho entierros ilícitos en horas de la noche y la madrugada.
Al parecer, reveló la fuente, se trata de sujetos que murieron en municipios vecinos y que fueron trasladados hasta allí para evitar los trámites de ley. “Según la información que tenemos, estaban cobrando sesenta mil pesos por dejar tirar un muerto en un hueco cualquiera”.
El investigador del CTI cuenta que, incluso, hasta Los Laureles habría llegado el cuerpo de un hombre asesinado a finales del año pasado en Guapi, Nariño.
Pero eso no es lo más grave, dice el hombre de la Fiscalía: en medio de la investigación el cadáver fue removido del sitio donde lo sepultaron y ahora no aparece.
“Allí se está presentando toda una serie de delitos. Lo que era un cementerio para la comunidad de Montebello se convirtió en un botadero de cuerpos... Todo indica que ahí también habría enterrada gente de Siloé y Terrón Colorado. Lo que está pasando en Los Laureles es muy grave”, aseguró el investigador.
Disputa por los muertos. Teresa Álvarez, presidenta de la Junta de Acción Comunal de Montebello, asegura que los entierros nocturnos han ocurrido, y que sí han sido sepultados cadáveres trasladados de sectores marginales de Cali, como Aguablanca y Siloé.
Ella dice que la situación huele más feo aún, porque el 26 de junio del 2006 el cementerio fue suspendido por la Secretaría de Salud Pública por no contar con las disposiciones técnicas para funcionar como camposanto.
A pesar de ello, en ese periodo fueron realizados siete sepelios, según lo admitió Luis Alfonso Álvarez, coordinador de la Asociación Camposanto Los Laureles, Asocala.
Lo paradójico del caso es que de acuerdo con datos del Observatorio Social de la Secretaría de Gobierno de Cali, el año pasado tan sólo murieron cinco personas en Montebello.
Y para agravarlo todo, añade Teresa, entre enero y febrero se habrían hecho más entierros y hasta algunas exhumaciones “Mucha gente del corregimiento se ha dado cuenta de eso”.
Pero las denuncias no paran allí. La administración del cementerio también estaría vendiendo lotes del camposanto, a pesar de que se trata de un terreno comunitario, donado al corregimiento por Rogelio Saa, el urbanizador de la zona.
Luis Alfonso Álvarez confiesa que en los dos años que Asocala lleva constituida sólo se ha vendido un lote en $400.000. “Y eso fue para que los dolientes no tuvieran que sacar el cuerpo. El dinero se utilizó en el mantenimiento del camposanto”.
Álvarez asegura que todo se trata de un chisme impulsado por la junta de acción comunal, pues hay una disputa para quedarse con el control del cementerio, “en pueblo pequeño, infierno grande”.
El dato clave Las fosas de la discordia: Asocala dice que fueron construidas por el ex gerente de Serviaguas, Jairo Jurado, con siete millones desviados del presupuesto de ese ente, encargado del suministro de agua en el corregimiento. | | Sin embargo, parece que no todas son habladurías, los números no cuadran. En Los Laureles hay más de un propietario. A José Eduardo Gómez (ver recibo adjunto) le vendieron la tierra en $400.000 y a Jackeline Lizcano le negociaron el lote en $350.000, “y me dejaron pagarlo en cuotas de mensuales de $50.000”.
Henry Yantén, propietario de la discoteca La Y, es el presidente de Asocala y el encargado de hacer las exhumaciones de los cuerpos que deben trasladarse a los osarios. El hombre, que antes era músico, es enfático al defender su proceder: “aquí no ha habido ninguna anomalía, este es un cementerio que ha funcionado así desde hace 30 años y nosotros no hemos hecho nada malo”.
Los directivos de Asocala argumentan que se trata de un camposanto tan legal, que la Subsecretaría de Infraestructura y Mantenimiento Vial del Municipio les adjudicó diez millones de pesos del presupuesto del 2005, para la construcción de un muro de contensión (ver documento adjunto).
Lo que muchos se preguntan es cómo es posible que se hayan aprobado diez millones de pesos para un cementerio que no tiene permiso de uso de suelo, ni registro catastral, ni aparece en los mapas de la Dirección de Planeación Municipal.
Realismo macondiano. La cruz es de madera y tiene una inscripción en tinta de lapicero: Nidia Paz. Dos tumbas después, en otro crucifijo que se mece con el viento, se repite la leyenda: Nidia Paz. ¿Pudo esa mujer morir dos veces?
A 53 pasos de distancia, un rancho: paredes de esterilla y techo de hojalata. Es la casa de una pareja que vive en la mitad del cementerio con dos niños y un par de perros amarillos que corren en la hierba.
Un pequeño juega entre lápidas, un grupo de mujeres camina por ahí contando chismes, dos jóvenes fuman marihuana junto a las fosas... Los Laureles parece un camposanto salido de Macondo, ese pueblo inventado por Gabriel García Márquez en Cien Años de Soledad.
Lino Agreda, un hombre mayor que vive en Montebello, explica que, en parte, ese parece un cementerio surreal, “porque desde que empezaron las investigaciones, los administradores comenzaron a poner cruces en tumbas olvidadas, tratando de ordenar su desorden”.
Pero el hombre aún no logra entender otras cosas, como esa casa entregada en comodato.
Según el investigador del CTI, esa y otras explicaciones tal vez se desentierren hoy.
El número
170 mil pesos es el costo de un servicio funerario en Los Laureles. El entierro se hace por menos, si el doliente abre el hueco.
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