Jocelyne Wildenstein, figura emblemática de la alta sociedad neoyorquina y apodada “la mujer felina” por sus numerosas operaciones de cirugía estética, falleció el martes en París a la edad de 79 años. La noticia fue confirmada el miércoles por su compañero, Lloyd Klein, a la agencia AFP.

“Un ícono se fue”, expresó Klein al anunciar el fallecimiento de Wildenstein, quien perdió la vida debido a una embolia pulmonar en un lujoso palacete de la capital francesa. La socialité, que dividía su tiempo entre Nueva York y París, contaba con una gran presencia mediática y en redes sociales, acumulando 1,1 millones de seguidores en Instagram.

Jocelyn Wildenstein | Foto: Tomada de redes sociales

Su transformación física, resultado de numerosas intervenciones estéticas, alimentó durante años una mezcla de fascinación y controversia.

Algunos rumores aseguraban que Wildenstein aspiraba a parecerse a un felino, llegando a gastar millones de dólares en el proceso, aunque ella nunca confirmó dichas afirmaciones.

La última aparición pública de Wildenstein ocurrió el 23 de diciembre, cuando ella y Klein posaron juntos para los fotógrafos en las puertas del hotel Ritz de París. En las semanas previas, había concedido entrevistas televisivas en Francia, donde habló de su polémico divorcio y su vida personal.

Nacida como Jocelyne Perisset el 7 de septiembre de 1945 en Lausana, Suiza, Wildenstein se introdujo en el mundo de la alta sociedad tras casarse con Alec Wildenstein, un comerciante de arte con quien tuvo dos hijos. Su divorcio en 1998 fue mediático y escandaloso, y marcó un capítulo decisivo en su vida.

Lloyd Klein y Jocelyne Wildenstein | Foto: Tomada de redes

Mi (ex)marido pensó que toda la atención mediática sería buena publicidad durante el divorcio”, confesó recientemente en un programa televisivo francés, reflexionando sobre cómo su imagen pública había sido utilizada en aquel momento.

La muerte de Jocelyne Wildenstein deja un legado complejo, marcado por su singular apariencia, su vida en el centro de los reflectores y su capacidad para mantenerse como un símbolo de extravagancia y estilo en la alta sociedad.