Que 16 veces hayan sido capaces de reunirse representantes de casi toda la humanidad a discutir las medidas que hay que tomar para preservar el planeta con su diversa fauna y flora, es muy esperanzador.

Después de entender el enorme esfuerzo y dedicación que implica organizar esas reuniones y aplaudir el trabajo de Gobernadora, Alcalde y todo el equipo implicado, se pueden poner en perspectiva las críticas. Puede ser cierto que hay más literatura que hechos o que muchos incumplen los pactos, pero el solo hecho de que sean capaces de reunirse, dialogar y pensar en el bienestar universal es un enorme avance.

Porque es con la suma gradual y paciente de pequeños aportes, ideas e innovaciones que se logran superar las dificultades. Entendiendo los avances previos y construyendo con un diálogo civilizado la progresión. No es con visiones apocalípticas, producto de información incompleta que entra a una mente turbada por un Marxismo mal reciclado, que concluyen que hay que arrasar con todo, para poder crear su imaginario mundo feliz.

Independiente de que tanto le aporte al mundo este esfuerzo de tantos en Cali, es indudable que la ciudad sí se ha beneficiado. Más importante aún que el transitorio provecho económico directo, es la recuperación del espíritu cívico y de comunidad que se genera por la confianza en sus dirigentes. Muy significativo para una ciudad que hace muy poco fue símbolo de vandalismo, violencia y desgobierno que llevó a que muchos de sus talentos la abandonaran.

Lo que se ha logrado en la zona verde es prueba irrefutable de que con seguridad y orden se avanza en civilización y bienestar para todos. Recuperar las calles para los caminantes, sacando los vehículos, es un acierto que ha sido probado en innumerables pueblos y ciudades del mundo. Los pocos ensayos tímidos que se han hecho en Colombia, como Cartagena y Villa de Leyva han sido un impulso para el comercio, el turismo y la calidad de vida.

Sacar los carros del centro y de San Antonio ha sido un clamor de muchos años de quienes han tenido la experiencia de ver iniciativas similares y experimentar sus beneficios. Si se hace en forma planeada y organizada, integrando los vendedores ambulantes a la solución, se puede convertir en un ejemplo que se disemine a otros sectores y otras ciudades y se convierta en modelo de ciudad sabrosa de vivir.