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Jefe y detractor del Estado

Las soluciones, a diferencia del discurso, no las hemos visto por ningún lado.

Fernando Posada
Fernando Posada | Foto: El País

Fernando Posada

Politólogo de la Universidad de los Andes con maestría en Política Latinoamericana de University College London. Es analista político para varias publicaciones nacionales e internacionales, y consultor en temas de política pública, paz y sostenibilidad.

31 de mar de 2025, 01:05 a. m.

Actualizado el 31 de mar de 2025, 01:05 a. m.

Mucho de lo que pasa en el gobierno Petro es inédito en la historia de Colombia. Al menos, en lo que desde la generalidad llamamos la historia moderna del país, que comprende, creo yo, la realidad política desde el final de la Guerra de los Mil Días hasta la actualidad.

Desde entonces, los gobernantes que ha tenido el país, con toda su diversidad ideológica y sus enormes errores, aciertos y desastres, han tenido usualmente entre sus objetivos el fortalecimiento de las labores del Estado y la profundización de su credibilidad entre la ciudadanía. Naturalmente, no todos lo lograron y algunos consiguieron totalmente lo contrario.

Pero lo que es una verdadera novedad, desastrosa y decadente, es ver al jefe de Estado convertido en el principal detractor del Estado y de sus labores y capacidades. La simplista narrativa del presidente Petro busca llevar a sus defensores a creer que todo lo que vino antes de él era una suma entre la mafia y el paramilitarismo -y ahora le suma nazismo-. Y detrás de ese relato fácil y lleno de falacias excusa cada fracaso de su gobierno, como si dirigentes de todas las corrientes de cien años de historia conspiraran en contra de él. Sería imposible pensar en una mejor definición de lo que es la megalomanía y la charlatanería en la política.

Lo vemos en casi todos los frentes que sostienen al Estado colombiano: el Presidente de la República insiste en usar todo su poder para destruir la credibilidad de instituciones como la salud, el sector privado, la economía de hidrocarburos, la política exterior colombiana y la fuerza pública, para así posicionar la tesis falaz y destructiva de que todo lo que vino antes de su gobierno era corrupción y que solo él podría resolver ese problema. Las soluciones, a diferencia del discurso, no las hemos visto por ningún lado.

Pero la cosa empeora, porque el relato de Petro contra el estado colombiano está acompañado por un ingrediente imposible de digerir: de la mano de su narrativa anti establecimiento viene su nefasta obsesión por la exaltación de la memoria de las guerrillas y sus jefes que tanto daño hicieron al país.

Tal vez el más reciente e indignante caso fue el deplorable especial dedicado a la memoria de Manuel Marulanda en la televisión pública. Así, dentro de su narrativa hemos tenido que ver una indignante romantización de la lucha armada, adornada por la inaceptable idealización de nuevos símbolos propuestos por el petrismo, como la sotana de Camilo Torres, el sombrero de Pizarro y el uso de la bandera del M19 en eventos oficiales. Semejante insulto a millones de víctimas es incomprensible e imposible de digerir.

Sí: Petro es el jefe del Estado colombiano, pero también su principal detractor y su declarado rival. Esta será una de las mayores contradicciones políticas que recordaremos durante décadas a la hora de abordar este despelotado experimento de narrativas falaces y charlatanería que solo buscaba, como fuera posible, indignar y movilizar a la ciudadanía. Y en ese sentido, uno de los mayores retrocesos que el país verá en este cuatrienio será la pérdida de confianza de sectores de la ciudadanía en instituciones que, como es el caso de la salud, habían mejorado notablemente su cobertura en el territorio nacional.

La paradoja de haber entregado a la anti institucionalidad el control de las instituciones solo debilitará los procesos de construcción de un Estado con mayor credibilidad. Desde ya estamos en el deber de pensar en nuevos líderes, moderados e institucionalistas, capaces de reparar, devolver la confianza perdida y sacar esto adelante.

Fernando Posada

Politólogo de la Universidad de los Andes con maestría en Política Latinoamericana de University College London. Es analista político para varias publicaciones nacionales e internacionales, y consultor en temas de política pública, paz y sostenibilidad.

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