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Ojo con el 2032

Lo bueno, dice mi padre, es no tener que vivir 20 años más de Paz Total, se acabarían las Farc, el Eln, el Tren de Aragua, los consejos de ministros televisados y no habría qué pensar qué país le vamos a dejar a Amparo Grisales y qué cargo a Benedetti.

31 de marzo de 2025 Por: Paola Guevara
Paola Guevara, columnista
Paola Guevara, columnista | Foto: El País

Me dice mi padre que vería con buenos ojos, y hasta emoción, la llegada del meteorito 2024 YR4, que podría impactar contra la Tierra en el año 2032.

Dice él, que ha sobrevivido de forma milagrosa a varios accidentes aéreos sin que ninguno haya podido acabar con su optimismo contagioso, que lo del meteorito sería un buen final.

Se imagina, eso me dijo, que en su edificio ya no habría ningún otro vecino, pues todos habrían huido lejos de la zona de impacto (que según los científicos incluye a Colombia). Así que se sentaría a solas en su balcón, con una copa de buen vino, a esperar de frente el fin del mundo (al menos de SU mundo).

Pondría música a todo volumen sin que nadie llamara a quejarse al administrador del edificio y, mientras aterriza la mortífera roca celeste, pondría a sonar La Gota Fría de Emiliano Zuleta. “Me lleva él o me lo llevo yo”, como banda sonora del fin.

Mientras asiste al espectáculo visual del acercamiento del meteorito, que imagina “fabuloso”, volvería a leer la historia del gobernador romano Petronio, árbitro de la cultura y la elegancia de Roma, que calificaba los eventos artísticos de su momento. Para no meterse en problemas, le tocaba dar por ganador al emperador Nerón en todos los concursos de arpa, donde lo adulaba con burlas veladas.

En una reunión privada, sus amigos le cuestionaron su oído, y admitió que premiaba semejante bodrio por ser el Emperador. Los sapos de siempre, que sobreviven a cualquier cataclismo como las cucarachas, le contaron a Nerón, quien montó en cólera y ordenó su muerte.

Sabiéndose perdido, Petronio organizó una fiesta con su esclava y amante Eunice; trajo amigos y orquestas, una cena fastuosa; preparó la tina llena de vino, se metió en ella, subió el volumen y, en el momento preciso, su médico le cortó las venas.

Lo malo de cualquier meteorito, dicen los humoristas, es que Bruce Willis ya no está en condiciones de salvarnos. Lo bueno, dice mi padre, es no tener que vivir 20 años más de Paz Total, se acabarían las Farc, el Eln, el Tren de Aragua, los consejos de ministros televisados y no habría qué pensar qué país le vamos a dejar a Amparo Grisales y qué cargo a Benedetti.

Tras ha hecatombe final, Trump seguramente vendría a hacer la Riviera Colombiana con sus contratistas, pero ya no nos importaría pues seríamos residentes eternos de la Riviera Celestial.

Cuando le conté que el meteorito se desvió del curso y dejó de ser una amenaza, pude ver desilusión en sus ojos. O resignación. Puso ‘La Gota Fría’.

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