Columnistas
La caleñidad
La próxima vez que veamos algo bueno pasando en esta ciudad, démonos el permiso de celebrarlo. No por quién lo hizo, sino por lo que significa para Cali.

Aunque no aparece en la RAE y cuando se escribe el Word la marca como palabra incorrecta, si le preguntas a un caleño de nacimiento o por adopción qué es la caleñidad, la respuesta va para largo.
‘Caleñidad’ es un término adoptado ampliamente en el lenguaje cotidiano, en discursos culturales, académicos, en medios de comunicación y en redes sociales, haciendo referencia a la mezcla particular de costumbres, formas de hablar, de ser y sentir que son únicas de los caleños, incluyendo nuestra relación con la música -en especial la salsa-, la comida, la convivencia barrial, la multiculturalidad, la resiliencia y el calor humano.
‘Caleñidad’ no aparece en ningún diccionario tradicional, pero ella misma tiene su propio diccionario. Palabras como chuspa o enchusparse, calidoso, melo, foquiar, agua’elulo, morrongo, yenyeré, borondo, chichipato, gasimba, aleta, cachesudo, chapeto o bejuco, hacen parte de un montón de términos que solo un caleño puede entender. ‘Caleñidad’ se ha vuelto una expresión de la identidad del ser caleño, desde lo afectivo, lo emocional y lo colectivo. En resumen, diría que es una forma de expresar el sentido de pertenencia y la emoción que nos produce haber nacido, vivir o sentir que somos parte de Cali.
Y seamos honestos: sin importar si llegamos o nacimos aquí, todos vivimos ese sentimiento de caleñidad. Puede que no todos lo veamos igual, pero la caleñidad existe. Está en la señora que madruga a barrer su andén con escoba de palma. En el joven que baila salsa choke con la misma pasión con la que sueña en grande. En el vecino que presta una silla cuando hay velorio en la cuadra. En la montaña que nos abraza desde Cristo Rey, en la brisa refrescante que baja por la tarde, en la ‘lulada’ que cura penas, en el jugo del amor prohibido con chontaduro y borojó, en las empanadas del Obelisco, en un gol del Cali o del América y en el ‘vos’ y ‘mira ve’ que decimos sin darnos cuenta.
Lo que nos hace caleños es toda esta profunda mezcla de pueblos y culturas, y que nos convierte en únicos, y pienso que, en lugar de dividirnos, la caleñidad podría ser lo que más nos una. A veces se nos olvida que las ciudades que más han crecido y se han proyectado en el mundo son las que han sabido reconocerse a sí mismas; las que priorizan y se han unido en torno a lo que las hace únicas, así como en los propósitos comunes que les permitan impulsar el desarrollo de la ciudad y de todos como sociedad.
Por eso lanzo hoy esta invitación a abrazar la caleñidad y esa capacidad de valorar y festejar lo que construye y lo que suma en Cali. Dejemos de descalificar a los del otro barrio, a los de otra procedencia, a los de la loma o a los del lado del río, a los del oriente y a los del sur. Al final, todos queremos y necesitamos una Cali mejor. Y todos necesitamos de todos para que eso pase. ¿Qué tal si remamos juntos? ¿Qué tal si potenciamos esa caleñidad, ese lazo invisible que nos hace parte de lo mismo, incluso cuando no nos damos cuenta?
La próxima vez que veamos algo bueno pasando en esta ciudad, démonos el permiso de celebrarlo. No por quién lo hizo, sino por lo que significa para Cali. Porque a esta ciudad la vamos a sacar adelante, si dejamos a un lado las diferencias, nos reconciliamos y empezamos a reconocernos caleños, parte de una misma casa, con muchas habitaciones, pero con una sola dirección. Y seamos honestos: ¿Quién no sueña con ver a Cali bien?
Que la caleñidad nos permita trabajar unidos a pesar de nuestras diferencias, en pro de hacer de Cali una mejor ciudad, para que con toda convicción y firmeza entonemos como lo dice el Grupo Niche que “…del Cielo, Cali, la sucursal”.
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